Conferenciante: Arnau Castillo
Nací en 1985, el mismo año en que un grupo de 12 vecinos, entre ellos mis padres, fundaron el Foment Cultural, una asociación de recuperación y difusión de la cultura Catalana, en l’Hospitalet de l’Infant (Tarragona). En la década anterior, el pueblo había comenzado su transformación, acogiendo a nuevos residentes de toda España debido a la construcción de la central nuclear “Vandellòs I” (1968-72). Mis padres y sus amigos, apasionados por la cultura catalana, decidieron que l’Hospitalet no debía ser solo un pueblo en crecimiento, sino también un lugar con programas de cultura popular. Su andadura comenzó con una exposición sobre la artesanía de la “Palma” en la población de Rasquera y, desde entonces, se comprometieron a recuperar y revitalizar las tradiciones locales. Creían que la cultura no era solo un legado del pasado, sino algo que debía vivirse y compartirse. Se puede emocionar una persona con una jota de la Mancha o Aragón y a la vez admirar el baile de las Sardanes y otras danzas Catalanas.
Mientras crecía, vi cómo l’Hospitalet evolucionaba de la mano del Foment Cultural. Mi infancia estuvo marcada por los “Aplecs de Sardanes” junto al mar, el sonido de los “Grallers” resonando en las calles y la imponente presencia de los “Gegants” en las fiestas del pueblo. Lo que empezó como una pequeña iniciativa se convirtió en un movimiento que dio forma a nuestra identidad, haciendo que las tradiciones volvieran y crecieran de donde nunca tuvieron que desaparecer. Hoy, ante nuevos desafíos, como la dificultad de mantener el voluntariado activo y la necesidad de adaptarnos a una sociedad multicultural, siento una gran responsabilidad de continuar con lo que mis padres y sus compañeros iniciaron. Su sueño nunca fue un ejercicio de nostalgia, sino la garantía de que las futuras generaciones, incluida la mía, puedan sentirse orgullosas de llamar a este pueblo y País su hogar, no solo por nacimiento, sino por la cultura.
En esta charla, quiero compartir con vosotros este viaje entre culturas: cómo enriqueció mis orígenes, pero, sobre todo, cómo expandió mis horizontes hacia nuevas tradiciones, lenguas y formas de ver el mundo. La globalización nos ofrece la oportunidad de descubrir y compartir identidades únicas, que lejos de enfrentarse, se complementan. Y es en ese intercambio donde nos encontramos realmente como seres humanos: en la emoción de sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos.